viernes, 13 de abril de 2012

El sombrero: ¿prenda indispensable u obsoleta?



No sé a ustedes, pero a mi me enloquecen  los sombreros y eso que, por ser bajita, no los puedo usar muy grandes. Una de mis quejas de haber nacido tan avanzado el Siglo Veinte, es que me perdí  una era mágica en la que las mujeres no podían salir a la calle sin cubrirse la cabeza  y que las sombrereras eran parte obligatoria del equipaje femenino.

De mis primeros diez años solo recuerdo haber visto una sombrerera  ente las valijas de mi madre. Perteneció a mi abuela paterna. Estaba forrada en gamuza castaña y era grande y alta como la de Madonna en “Desperately Seeking Susan”. Como la de Susan, servía para guardar de todo (cartas viejas, bufandas, guantes) menos sombreros. Aunque he visto fotografías de mi madre con un pilbox hat tipo Jackie  Kennedy, jamás la vi con sombrero. Una excepción, creo haberla visto el ’64 ir a una boda con algo que parecía una pantalla de lámpara en la cabeza. Algo como lo que usó Trudy Campbell cuando baila el charleston en esta escena de “Mad Men”.



Definitivamente, para cuando ya tenía yo memoria (1965) los sombreros eran cosa del pasado en  Chile y tal vez en el mundo. Hoy, son símbolo de elite para ser usados por la realeza y las Primeras Damas.  Como emblema de sofisticación los llevan las modelos en pasarelas y en comerciales de perfume y los asociamos con eventos magnos  como las carreras de Ascot o el Desfile de Pascua (Easter Parade) neoyorquino.

Aun en Estados Unidos, únicamente  salen los sombreros del closet para bodas y entierros. A veces, en primera clase se ven mujeres ensombreradas en los aviones. La primera mujer con sombrero que vi en mi vida fue en el aeropuerto de El Callao, en mi primer viaje aéreo.

En Chile es una prenda  playera para defenderse de los estragos de los rayos ultravioleta. Sin embargo, a juzgar por fotografías de revistas, hubo una época en que toda chilena elegante tenía sombrereras en el ropero. Señoras y señoritas no podían  dejarse ver en la calle con la cabeza descubierta.  El sombrero, más que demostrar la calidad económica de la que lo usaba, separaba a la dama de la que no lo era. Tal vez por eso desapareció.  Porque las feministas de los 60’s vieron en el sombrero, tal como el brassier,  una prenda que encarnaba reglas patriarcales y definiciones represivas.

 Aunque en Europa, ya a fines del siglo XVII, el sombrero se convierte es prenda indispensable de damas de calidad, en América Latina luchará hasta el siglo XX con otro tocado muy ibérico: la mantilla. Aun en los 40’s, se usaba el rebozo en la Argentina a juzgar por anuncios en la Revista Para Ti de una tienda donde pueden mercarse estos velos de encaje y tul.


Los 60’s no serian la primera década del Siglo XX en liberar a la mujer del yugo de un guardarropa opresivo. El fin de la Primera Guerra Mundial traería una revolución social que cambiaria para siempre  el look femenino. Las largas cabelleras desaparecerán a la par que el corsé, las faldas que barren el piso y los botines que protegen tobillos y pantorrillas de las miradas indiscretas. El cabello corto invita a una reforma "sombreril".

 Desde el siglo XVIII los sombreros estaban subordinados a los peinados de sus dueñas, por lo que en general debían se amplios, grandes o tan pequeños que desaparecían en los montañas de bucles y elevados coiffures de la era victoriana y la Belle Epoque.


 Las flapper de los Locos 20’s se caracterizan por llevar el cabello corto, en melenitas hasta la barbilla o aun mas cortas. A pesar de los apelativos de “mochas” o “pelonas”, las mujeres de esa época tenían la libertad de prescindir de peinados recargados, de cabellos que necesitaban cuidados constantes y mucho tiempo para peinarse.

El sombrero adopta  líneas más cómodas, se ajusta a la forma de la cabeza femenina, cubre hasta más allá de donde llega el cabello y otorga un aura de glamur  a la mujer. Como se adapta  a la cabeza, ya no necesita de horquillas o alfileres para mantenerse en su sitio. Hablamos del famoso cloche, que en Chile más de un burlón apodaría como “sombrero de bacinica”.


Creado durante la Gran Guerra  e inspirado en los cascos militares, el cloché  (“campana” en francés) es el sombrero perfecto para el cabello a “la Garconne”   Su visera le llega hasta las cejas a las que los portan confiriéndoles un toque misterioso y obligándolas a caminar con la cabeza erguida con un aire de altivez que las hace más sensuales.

Aunque Chanel diseñará unos en paja para la temporada estival conocidos como “Canotiés”,  este tipo de sombrero no protege del sol, por lo que capelinas de ala larga vuelven a ponerse de moda como vemos en la siguiente fotografía. No solo en Ascot desfilaban los tocados más artísticos. Las damas viñamarinas de los Locos 20’s también sacaban sus mejores sombreros a tomar el sol en el Derby veraniego del  Sporting Club.


A juzgar por estas fotos, la alta sociedad bonaerense ya había descartado el velo por el sombrero para asistir a la misa dominical.



Estos dos estilos seguirían en boga hasta los años 3'0’s, pero las crisis económicas y la influencia del cine de Hollywood (inspirado en los sombreros de fines del Siglo XIX) imponen a mediados de los 30’s sombreritos muy pequeños como estos que vemos en la revista Margarita.



Incluso a fines de la década, el sombrero de calle sigue siendo pequeño, aunque lo  acompañan redes, plumas, flores y velos que aumentan su volumen, como estos en la revista Familia.



La década de los Cuarentas fue un laboratorio experimental para la sombrerería. Aun en los países en guerra u ocupados, las mujeres olvidan sus problemas ocupándose de sus tocados que descuellan imaginación,  llegando a crearse extravagancias rococó dignas de la Francia de María Antonieta. A pesar de que dedicaré pronto una entrada dedicada enteramente  a las variaciones sombrereras de esa época, les dejo aquí algunos ejemplos.
















El eclecticismo en la industria sombrerera continua en los 50’s, pero ya el sombrero se está volviendo memos indispensable, y no se piensa mal en la mujer que se aventura en la calle sin el.



Para Ti, marzo, 1957


La década de los Sesentas marca el canto del cisne del sombrero. A pesar de que se resucitan el canotié y que Jackie Kennedy, gran  arbitro de la moda, pone en boga los pilbox hats  ya el sombrero tiene sus días contados.
Sombrero estilo "pillbox" de Jacqueline Kennedy


El retorno del "canotié"


Se seguirán usando las pequeñas tocas en diferentes materiales incluso de piel o mohair.


  
En 1965 el filme “Dr. Zhivago” pone de moda grandes gorros de piel.





Aunque las pamelas de paja siguen siendo obligatorias en los veranos, la boga del pañuelo de cabeza crea un tipo de tocado que combina sombrero con pañoleta.



Finalmente, la revolución de la moda de mediados de los 60’s destierra los sombreros de los guardarropas de ambos sexos. Si el sombrero masculino era asociado a reglas clasistas, el sombrero  femenino se extinguió debido a una idea  radical de que la mujer no debe ya ocultar su cabello y que las libertades obtenidas por el mal llamado sexo débil incluyen el descarte del concepto de “dama” o “mujer decente” que se asocia con el sombrero. Una lástima, porque con el sombrero se extinguen un sinnúmero de posibilidades estéticas, sensuales y de expresión personal a través de lo que cubre nuestra cabeza

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