viernes, 27 de abril de 2012

¿Qué leían las Latinas de ayer?: Lecturas de abril



El otoño es un buen momento para hacer tu lista de lecturas de invierno y aunque siempre se busca leer lo más nuevo, el último bestseller, lo que ofrece Amazon.com o el escaparate de la librería más cercana, a veces también es interesante volver los ojos al pasado cuando llega el momento de elegir lecturas. Aquí te traemos lo que leían nuestras congéneres en abriles del ayer.

Viajando  en el tiempo llegamos a la Librería Atlántida de Buenos Aires situada en Lavalle 720 que en abril de 1920 ofrecía el siguiente catalogo de libros para las lectoras de Para Ti . Notamos que la mayoría de los títulos corresponden al género “rosa”. Autores desconocidos, en su mayoría mujeres, y novelas  con títulos sugerentes como La muchacha que era demasiado bonita o La novia de  de los dos.  El único nombre importante es el de Edith Wharton que ya a principio de la década había merecido el Premio Pulitzer. La Atlántida ofrece a sus lectoras la oportunidad de comprar a domicilio La soñada aventura (Glimpses of the Moon, 1922) de Wharton. 

Por  lo general los catálogos en las revistas femeninas ofrecían novelas sentimentales, románticas y de no mucho contenido. Autores que hoy calificaríamos como de la escuela de Corín Tellado eran los favoritos y La Atlántida los ofrece a sus lectoras. M. Delly (seudónimo de los hermanos Frederic y Jeanne Marie  Petitejean); la risque Elinor Glyn  con su atrevida Tres Semanas que ya Hollywood había llevado a la pantalla grande, y Florence L. Barclay que por alguna extraña razón (Barclay era inglesa) la Atlántida ofrece en francés.


Esto también se manifiesta en los folletines que condensan o serializan las revistas. En abril de 1941 la revista mexicana La Familia serializa “La dote de Nicoleta” de M. Maryan y la revista chilena Margarita, un mes  más tarde serializa El Rosario, novela insípida y un poco cursi de Florence (Florencia como la llamaban las latinas) Barclay.

Pero también las revistas en el periodo de la Segunda Guerra Mundial comienzan a ofrecer mejor contenido literario. La revista mexicana Amenidades ofrecía en abril del ’41 Cumbres Borrascosas en entregas semanales. La revista Eva de abril de 1949 serializaba tanto una novela clásica chilena El Loco Estero de Alberto Blest Gana como El traidor  del ingles Somerset Maugham.

La Revista Margarita en abril de 1938 presenta un catalogo de la Editorial Zigzag, con obras más elevadas. La vuelta al mundo de un novelista de Vicente Blasco Ibañez, un par de novelas de ciencia ficción de H.G. Wells, bastante poesía antologías de poemas de Amado Nervo y Víctor Domingo Silva y libros de filosofía auto-ayuda como El secreto de la felicidad de Bertrand Russell y El poder de la voluntad de Paul C. Jagot que la revista escoge como “Libro de la Semana”.



En Para Ti de abril del 41, el catalogo de la ahora Casa Atlántida ya no trae novelas sentimentales.  Recomienda calurosamente a sus lectoras dos novelas La carta (que en realidad es una obra de teatro) de Somerset Maugham y Fugitivos del destino (Escape) de Ethel Vance. Como hace ahora Amazon, tanto revistas como librerías promovían novelas que acaban de ser adaptadas a la pantalla grande. La ilustración de la portada de Fugitivos representa a una pareja físicamente parecida  a  Norma Shearer y Robert Taylor, protagonistas de “Escape”.



Ya en los cuarentas se ponen de moda las reseñas literarias que no pasan de ser breves descripciones. En la Rosalinda de abril del ‘42 reseñan y recomiendan una biografía de Chopin El tormento de Chopin de Nino Salvaneschi; Trafalgar, uno de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós “relatada por la pluma fácil y fecunda de este escritor” y la crónica de la triste y breve vida de una criada en Silja del escritor fines Franz Emil Sillanpaa, que en el 1939 se había hecho acreedor del Premio Nobel de Literatura.

En sus números de abril de 1965, Rosita recomendará  entre otros la novela histórica  La vida es difícil (World Enough and Time) de Robert Penn Warren: “el ambiente esta muy bien logrado y el interés nunca decae; La doble muerte de FelipeVillagrán de Vicente Salas Vió “mezcla la intriga policial con un estudio psicológico profundo. Entretiene y hace pensar”; Pega, pero escucha de Enrique Meneses, una novela de la Guerra Civil Española,” novela cruda y violenta…muy bien escrita”, (Curioso, pero acabo de leer que Meneses solo pudo publicar esa novela en 1976. A lo mejor se refiere a su publicación en España) y el hoy ya clásico chileno La luna era mi tierra de Enrique Araya: “Humorismo que encierra una filosofía muy humana”.

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