jueves, 31 de mayo de 2012

Del severo traje sastre al femenino tailleur.



A pesar de incluir falda, el dos-piezas es la prenda más varonil del vestuario  de una mujer  y por ende se usa para ocasiones formales, para que quien lo lleva se vea “profesional y seria”. Por algo los uniformes escolares se componen de conjuntos de blazer y falda, al igual que los uniformes militares femeninos y los de las primeras aeromozas,  y en Chile, las empresas que exigen uniforme a sus empleadas los hacen tipo traje sastre, un conjunto hecho en la misma tela  y el mismo color. Pero las Latinas de Ayer se las arreglaron para sofisticar y feminizar esta prenda de “machos”.

Fue en tiempos de Luis XIV que las damas de la corte francesa impusieron una moda de falda y casaca de la misma tela en imitación de sus trajes de amazona. Esta moda pasó a la Inglaterra de la Restauración, desapareciendo por más de un siglo. Se la resucitó a mediados del siglo XIX y para la Belle Epoque los dos-piezas femeninos eran ya la norma para viajar o para pasear. Estos trajes sastres (tailored suits) se masculinizarían más a medida que avanzaba el siglo XXI. Durante la gran guerra, la escases de tela impuso faldas rectas, chaquetas cuadradas tal como en los trajes de hombre, e incluso se combinaban con corbatas y sombreros hongos.
(Foto de Para Ti de abril, 1929)


El tailleur de los 20’s sigue esta misma hechura. La falda es más corta pero igualmente recta, el blazer sigue la misma línea de su contraparte masculina con doble solapa que a veces va acompañado de un chaleco como el que usan los varones. Es un traje formal, para ocasiones en que la mujer quiere aparentar seriedad. No es el tipo de ropa que busca seducir o atraer las miradas. Eso cambiará en la próxima década.

Los años de la Depresión  iniciaran un proceso de la”feminización” del traje sastre. A primera vista ya se nota en este conjunto de la portada de Familia de 1936. El material es un textil escocés de grandes cuadros inconcebible en un traje masculino. Alejándose del model varonil este tailleur no lleva camisa, tiene mangas cortas y abombadas y a guisa de cinturón lleva una faja de satén negra que hace juego con la bufanda.

(Foto de Familia, agosto de 1936)

Los dos-piezas invernales adoptan hechuras netamente femeninas. Los sacos de estos conjuntos se adoptan a la figura de reloj de arena, en boga en 1935, la adición de ribetes de piel, y el cinturón tipo faja terminan de “desmasculinizar”  la prenda.
(Foto de Margarita, junio de 1935)


En 1936 vemos otros detalles, en vez de chaqueta aparece la capa corta o dolman. El segundo traje sastre tiene una esclavina superpuesta sobre el ajustado blazer. Para avivar el color oscuro del traje sastre se recurre a blusas de tonos claros o moños que reemplazan a la corbata. Las faldas ya no son tubulares sino de corte princesa y largas, casi hasta el tobillo.

(Foto de Margarita, febrero de 1936)
Donde más se feminiza el tailleur es en la temporada estival. Se convierten en conjuntos de dos-piezas en tonos claros, materiales ligeros  y adornos coquetos sean volantes o ramilletes de flores.
(Foto de Ecran, noviembre de 1938)

Para la próxima década estos “tailleurs de fantasía” poco tienen en común con prendas varoniles. Las faldas son tableadas y levemente acampanadas. Las casacas  son de colores alegres con muchos detalles atractivos.

(Foto de Para Ti de noviembre, 1941)

La temporada primaveral permite que los trajes sastres oculten su faceta sobria bajo alegres estampados.
(Foto de Para Ti de octubre, 1943)


Otro modelo que se pone en boga es el de saco cortito llamado bolero de decidida influencia hispánica y similar al usado por torero y banderilleros. El bolero se acompaña por un cummerbund que reemplaza al cinturón.

(Foto de Para Ti de septiembre, 1941)

(Foto de Para Ti de octubre, 1943)


Toda una galería de innovadores estilos son estos tailleurs del invierno de 1947. A pesar de que las faldas todavía no alcanzan la abundancia  del New Look, la parte alta evidencia el espíritu innovador de la moda de posguerra. El primer traje tiene una chaquetita cuadrado. Las pieles siguen siendo el ornamento favorito de la temporada fría. El dos-piezas del medio en realidad  abarca una tercera,  un echarpe de color vino ribeteado de armiño que cubre el traje sastre del mismo color.

(Foto de Vosotras, julio de 1947)


Trajes sastres a la New Look. La influencia de Dior se nota en el largo de la falda y en el diseño que recuerda a los conjuntos de fin de siecle.
(Foto de Margarita, octubre de 1949)
Ese estilo seguiría imperando a comienzos de los 50’s. Como en este traje de un anuncio del detergente Ombú. Falda amplia y plisada, blazer ajustado con cinturón y mangas hasta el codo.

(Foto de Mucho Gusto, mayo de 1950)


Otro modelo es el  blazer acompañado de larga falda “tubo”. El saco a veces lleva cuello cerrado sin necesidad de enseñar  la blusa. La mujer ahora ya es parte de la fuerza laboral y para el trabajo requiere verse formal.
(Foto de Para Ti de marzo, 1957)


Sin embargo, los modistos siguen jugando on el traje sastre. A fines de los 50’s se intenta crear una figura romboide de anatomía femenina. La falda tubo se “ablusona” en la zona de las caderas. El top que muchas veces ya no parece chaqueta toma formas casi trapezoides y la modelo parece un diamante enfundado en esa caprichosa silueta.
(Foto de Eva, julio de 1959)



En los 60’s, se siguen explorando las posibilidades del tailleur. Se combinan faldas plisadas en tonos claros con blazers oscuros. Y el dos-piezas recobra una prenda de los Años 20’s, un blusón de influencia oriental que se combina con la falda tubo ahora de largo Chanel, apenas cubriendo las rodillas.
(Foto de Para Ti de septiembre, 1961))


Para el invierno está el traje sastre clásico, falda al sesgo, cuello cerrado, pero también aparecen combinaciones de blazers-abrigos, más gruesos y anudados al frente.

(Foto de Eva, junio de 1962) 




(Foto de Eva, julio de 1960) 



















1964  ¡Mary Quant! Miniskirts! Una revolución en el vestuario y el epicentro de a moda se traslada a Londres, pero a América Latina no llega tan veloz a juzgar por este dos piezas ultra clásico con falda que cubre las rodillas de la portada de Rosita.

(Foto de Rosita, agosto de 1964)


Pero en la primavera del ‘65, las polleras escalan la rodilla. Lo vemos en este original dos piezas sin mangas, pero que en todo lo demás sigue a estructura del tailleur.

(Foto de Eva, octubre de 1965)  


Es la época de los estampados. Un modelo que sobrevivirá hasta la próxima década (yo tuve uno en 1970) es el tailleur primaveral en tonos claros que se lleva con una blusa recta sin mangas, de cuello cerrado y estampada. La gracia del conjunto es que el blazer, que se lleva abierto, va forrado con la misma tela de la blusa. Otra variación es el tailleur en un textil floreado que se lleva sobre una blusa unicolor.


(Foto de Eva, marzo de 1966)  


















La moda vuelca los ojos a los Años 20’s. Un pasado donde las mujeres, como las de fines de los 60’s, eran andróginas, muy esbeltas y gustaban enseñar las piernas. Se retoma el modelo formal del traje sastre, suelto, recto, con blazers cuadrados. La única diferencia es que la falda sube  arriba de las rodillas.

(Foto de Eva, septiembre de 1967)  
Pero para mostrar pierna lo mejor son las faldas de amplio ruedo, que se agitan al caminar y con una ventolera enseñan más de lo que debe. Para eso se imponen las tablas y los plisados de acordeón. (¡Las Nanas odiaban plancharlas!)
(Foto de Rosita, agosto de 1964)
Ya para fines de la década los dos-piezas eran de todo menos severos y formales, debido a esas faldas cada vez más minúsculas y audaces que además se combinaban con elementos muy alejados de la imagen de la mujer discreta y profesional, como botas, sandalias Barbarella y gruesas medias de lana.

(foto de Ritmo, agosto de 1968)


lunes, 28 de mayo de 2012

Latinos en Hollywood: Fernando Lamas


(Foto de spaghettiwestern.com.ar)


Aunque más se le recuerda por ser el padre del “Renegado”, Fernando Lamas fue  un icono hollywoodense. El más atractivo de los Latín Lovers,  dotado de una recia belleza viril, un seductor que sin embargo terminó domesticado por su cuarta esposa, y un argentino que dejó su marca en  Hollywood fuera y dentro de la pantalla.

Era porteño, nacido en Buenos Aires un 9 de enero de 1916. Fernando Álvaro Lamas y De Santos abandona sus estudios de Derecho  para dedicarse a los deportes: la equitación, el boxeo y principalmente la natación. En 1937 recibe el titulo de campeón de natación de Sudamérica, en estilo libre.  Estudia drama, incursiona en la radio y en 1942 debuta en “El último piso” junto a Zully Moreno. Para aquel entonces ya está casado con Perla Mux,  madre de Cristina,  su hija mayor. Destaca en la comedia “Vidalita” junto a Mirtha Legrand, “Historia de una mala mujer”, el único filme que Dolores del Rio rodara en la Argentina, y mi favorita, “La Rubia Mireya” junto a Mecha Ortiz.

(Foto de elnovenoarte.com.ar)


En 1950 firma contrato con la Metro Goldwyn Mayer que anda en busca de un nuevo “Latín Lover”. Para entonces, Fernando se ha divorciado de Perla y está casado on Lidya Barachi  con la que tendrá otra hija, Alexandra. En sus inicios de Hollywood, Fernando actúa en roles secundarios en “The Avengers” y “Rich, Young and Pretty”. En ambas hacia de francés, pero eran variaciones del “amante latino”, rol que interpretaría  toda su vida.
Con Danielle Darrieux en "Rich, young and Pretty" (Foto de Wikipedia)


Para evitar el encasillamiento, Lamas usó dos tácticas, aprovechar su excelente voz de barítono para destacar en  musicales, y trasladar su imagen de Latin Lover a la vida real. Un año después de su debut en el cine hollywoodense, Fernando estaba involucrado en un tórrido romance con Lana Turner con quien filmaría su primer protagónico en Estados Unidos, “La Viuda Alegre”.
                                                  Con Lana Turner en "The Merry Widow"

En su conmovedora autobiografía Detour: A Hollywood Tragedy, Cheryl Crane, hija de Lana, recuerda haberlo visto bañarse desnudo en la piscina de su madre. El le dijo que el cuerpo humano era hermoso y nadie debería ocultarlo. Para los cánones de nuestra época, Fernando Lamas era un metrosexual, un hombre que cuidaba su cuerpo y se preocupaba por su apariencia. De él vendría la famosa frase dicha en el Show de Johnny Carson “Lo importante no es sentirse bien, sino verse bien”.

En 1952, tanto Lana como Fernando se divorciaron de sus respectivos esposos y quedaron libres para vivir su amor. La relación de Lana y “El Macho de las Pampas” era muy intensa y bastante seria tanto que las revistas del corazón ya hablaban de matrimonio. Pero Lana era muy coqueta y Fernando muy celoso. Una noche en que ella bailaba pegadita a Lex Barker, Fernando hizo una escena que terminó con ambos abandonando la fiesta y que mas tarde devino en una paliza que acabaría con la relación. Cuando los de la Metro vieron los golpes y moretones que tenia la actriz, sacaron a Fernando de su próximo proyecto “Latin Lovers” que iba a rodar con Lana, reemplazándolo con Ricardo Montalbán.
(foto de lanaturner.org)


Más tarde, Lana se casaría con Lex Barker (quien violaría su hija). Irónicamente, Fernando Lamas tomaría como su tercera esposa a Arlene Dahl, ex esposa de Barker. Parafraseando a Carrie Fischer eso es una especie de “incesto estilo Hollywood”.
                                               Trailer de "Sangaree"

A pesar de haber perdido el protagónico  de “Latin Lovers”, Fernando tuvo un año muy ocupado ese 1953. Filmó “The Girl Who Had Everything” interpretando a un gánster que se enamora de Elizabeth Taylor,  la hija de su abogado. Protagonizó dos filmes de época “Sangaree” y “The Diamond Queen”  junto a Arlene Dahl, y una comedia “acuática” “Dangerous When Wet” con Esther Williams. Sus últimas co-protagonistas serian muy importantes en su vida.
                                                Trailer  de "Dangerous When Wet"

En 1954, Fernando  y Arlene se casaron, pero para la época de su divorcio ella confesaría que desde el comienzo su matrimonio fue un trió compuesto por Fernando, Arlene y…Esther Williams. Poco después del nacimiento de su hijo Lorenzo, Arlene abrió una empresa de cosméticos y comenzó una carrera como columnista de belleza, lo que llevaría a su marido a comentar que en el día era “como estar casado con Elizabeth Arden”.

                                                 Con Rhonda Fleming en "Jivaro"

En 1954, Fernando Lamas protagonizó el filme de aventuras “Jivaro” junto a Rhonda Fleming y volvió  a cantar en el rol antagónico de la opereta “Rose Marie” junto a Ann Blyth y Howard Kiel. Ya para entonces se estaba cansando del papel de amante latino lo que lo llevaría a la celebre frase “Los americanos creen que los latinos nos pasamos el día haciendo el amor. Yo no soy así…De vez en cuando leo un libro”.

                                              Con Ann Blyth en "Rose Marie"

 En busca de otra avenida para su talento, Fernando Lamas entró en la televisión. En los 50’s, la televisión estadounidense se caracterizaba por una gran  cantidad de programas de unitarios, algunos de excelente calidad. Fernando comenzó a aparecer en ellos. Tenia más variedad de papeles para elegir e incluso podía personificar a personajes que no eran hispanoamericanos como Giulio en “Guns for Garibaldi” en “El Teatro de Zane Gray” y al Profesor Baher en una adaptación de Hombrecitos en “El Libro de Cuentos de Shirley Temple”.

En 1957, Fernando Lamas debutó en Broadway en el musical “Happy Hunting” junto a Ethel Merman. Su interpretación del Rey de Granada recibió buenas críticas y fue nominado a un Tony. Aunque triunfaba en las tablas y en los dramatizados, su carrera fílmica estaba en decadencia. En 1960, el año en que se divorció de Arlene Dahl, hizo un papel terciario en “The Lost World”, de ahí en adelante se concentraría en otro tipo de proyectos.

En la época del divorcio de Fernando  y Arlene, se rumoraba que Esther Williams tenia amores con Jeff Chandler, pero cuando este actor falleció en 1961, la famosa “sirena” estaba en Madrid con… ¡Fernando Lamas! Aunque se casaron oficialmente en diciembre de 1969, ellos convivieron desde inicios de los 60’s y para todos los efectos eran un matrimonio.

(Foto de Radiolandia, julio de 1961)

Viajaron juntos Europa donde Fernando protagonizaría un par de cintas italianas. En España entró en una nueva faceta al dirigir a Esther en “La fuente mágica” (1963) su primer trabajo de director. De regreso en los Estados Unidos, Fernando  se dedicó a la televisión, haciendo apariciones intermitentes de villano en filmes como “100 Rifles” junto a Burt Reynolds y Raquel Welch. En 1967, se dirigió a si mismo en “The Violent Ones” interpretando a un sheriff latino en un pueblo de Nuevo México marcado por la violencia y el racismo.

La vox populi y algunas biografías han  descrito el último matrimonio del actor como un infierno ofreciendo una imagen de Esther Williams en el papel de víctima de un tirano egoísta que no la dejaba trabajar ni le permitía ver a sus hijos. Es cierto que Fernando era machista, mujeriego y probablemente un poco narcisista. Tenía un carácter fuerte, y podía ser violento como lo atestigua su episodio con Lana Turner. La misma Esther lo ha descrito como  “a volatile Argentine”. Pero ella era una mujer experimentada en hombres, no una adolescente ingenua. Confesaría más adelante  que cuando comenzaron su romance en el set, el actor quería que se fueran a Europa juntos, pero ella se dio cuenta que era un mujeriego,  un hombre que no tenia madera para el hogar y la familia y  que tener una relación con él no era una decisión práctica.

Entones si volvió con él, si tras ocho o nueve años de convivencia se casaron, y siguieron juntos por 13 años más es que Esther sabia lo que hacia y podía manejar al “Macho de las Pampas”. Es cierto que se sometió a los dictados de su marido, pero eso a cambio de una promesa, su fidelidad. Y para Fernando Lamas ser fiel era muy, muy, muy difícil.
Con Esther Williams (foro de europeana.com)


Quiero hacer un aparte para aclarar que Fernando Lamas no era ni mejor ni peor que la mayoría de los actores de su época. Sus amores e infidelidades no son producto de un machismo latino sino del medio ambiente en que se desenvolvía, donde las mujeres eran tan infieles como los varones. Además todos en su círculo eran adictos al matrimonio. Fernando Lamas se casó cuatro veces y es un gran crédito para su cuarta esposa que su última unión haya durado tanto. Fernando fue el tercer marido de Esther Williams. Tras enviudar, Esther volvería a casarse.

Si no  lo hubiera ganado su temperamento celoso, Fernando  hubiera sido el cuarto marido de Lana Turner. Despues que Lana sacó de su vida, por violador y pedófilo, a Lex Barker, tuvo tres otros maridos. ¡Siete esposos en total tuvo la diva! En cuanto a Lex Baker, tras su tercer divorcio, se casaría dos veces mas, la ultimas con Tita Cervera, hoy Baronesa von Thyssen. En 1972, Lex y Tita se divorciaron (un divorcio que no era legal en España) Un año mas tarde, al él le sobrevino un infarto fatal ¡cuando iba camino de casa de quien iba a ser su sexta esposa! En cuanto a Arlene Dahl, tras divorciarse de su segundo marido y padre de su hijo, se ha casado cuatro veces más y le ha dado a Lorenzo dos hermanastros.

No se puede separar a Fernando Lamas, el actor, de su vida personal. Ambos están teñidos por su aura de Latin Lover. En sus últimos años se contentó con hacer apariciones en series de televisión y dirigir episodios de” Mannix”, “Starsky y Hutch y “The Hardy Boys”. Aunque no vivió para conocer al Renegado, llegó a dirigir a su hijo Lorenzo en un episodio de la teleserie nocturna “Falcon Crest”. Fernando Lamas falleció en 1982, victima de cáncer al páncreas.

Con todas sus fallas, Fernando Lamas es una leyenda, parte de la mitología del Hollywood de los 50’s, un ejemplo del encasillamiento que vivieron los latinos en el cine Anglo y es innegable que fue el fundador de una dinastía de actores. Los tres hijos de Lorenzo han iniciado su viaje por la farándula. Paton es estrella de videos, su hermana Shayne  participó en “The Bachelor”, y su hermano A.J.Lamas  es ya una figura de la televisión. Diana Lamas hija de Cristina, producto del matrimonio de Fernando y Perla Muxar, ha iniciado una carrera en el cine argentino.

jueves, 24 de mayo de 2012

El abrigo: una prenda femenina del siglo XX


(Foto de Rosita, abril de 1962)


El siglo pasado aportó innumerables cambios al vestuario femenino y muchísimas prendas que hoy son obligatorias en nuestro guardarropa. Una de ellas es el abrigo o tapado. A pesar de que a fines del Siglo XVIII se crea un tipo de abrigo pareció al redingote masculino, las mujeres decimonónicas se protegían del frio con capas, esclavinas y en el mundo ibero con chales y  mantones. El abrigo femenino, mas práctico y abrigador que las capas, se pone de moda en La Belle Epoque, y se vuelve común en la posguerra. Como todo en el vestuario femenino sigue los dictados de la moda en lo que respecta al largo.

A  fines de los Locos 20’, los abrigos siguen la hechura de los vestidos del momento,  entallados y apenas unos centímetros más largos que las faldas de sus dueñas. También existían abrigos sueltos y abiertos tipo duster (“guardapolvos) confeccionados con la misma tela que la falda.

(Fotos de Para Ti, abril de 1929)


Los abrigos se conocían por entonces como “tapados” y el colmo del lujo era ribetearlos de piel en cuello y puños.

(Foto de Zig-Zag, marzo de 1927)


La llegada de los 30’s modificó los abrigos de acuerdo a los nuevos dictados de la moda. A medida que las faldas se alargaban también lo hacían los tapados. La silueta se ajustó  hasta adquirir la forma de un reloj de arena, a pesar de que a comienzos de la década hubo un breve periodo de abrigos con grandes cinturones que se ajustaban un poco más arriba de la línea de la cintura.

(Foto de Familia, febrero de 1936)
La gran influencia en los primeros seis años de la década era la moda de la Belle Epoque y estaban en  boga abrigos tipo “Ulster” con capas.



(Foto de Familia, agosto de 1936)

También regresaron los redingotes parecidos a los usados en la era del Directorio con un solo botón.

(Foto de Ecran, noviembre de 1938)


Toda una gama de abrigos de 1938. Los hay ajustados y los hay sueltos, los hay largos y tres-cuartos que exponen el borde de la falda. Las pieles adornan puños, cuellos, pechos y hasta las bastas del abrigo.

(Fotos de Ecran, mayo de 1938)


En los años de la Segunda Guerra Mundial, los abrigos son ceñidos, acinturados y cortos. También los hay estilo boxy, cuadrados como cajas.
(Foto de Margarita, julio de 1942)



Aparecen los tapados de noche que suelen copiar el diseño del abrigo diurno solo que llegan hasta el suelo. O también hay capas parecidas a las usadas en el Siglo XIX.
(Foto de Para Ti, marzo de 1941)


A medida que avanza la década, el abrigo incorpora hombreras gigantes, faldones amplios y una hechura que recuerda a los capotes militares.

(Foto de Eva,  julio de 1945)



















En 1950,  el abrigo es amplio para abarcar las voluminosas faldas del New Look. Su diseño es semi piramidal.

(Foto de Margarita, junio de 1950)

Los 50’s será la Era dorada de los abrigos cortos. Chaquetones tres cuartos, 7/8 y las polo coats hechas en corduori (o cotelé como se le llamaba en Chile). También los Montgomery con capuchones.

(Foto de Para Ti, marzo de 1957)


Otra moda “retro”  son las capitas con cuellos redondos, muy elegantes, que hacen juego con el vestido que cubren.
(Foto de Para Ti, abril de 1957)
A fines de la década con la implantación de las faldas “tubo” los abrigos se vuelven ajustados y retornan los dusters sobre faldas de la misma tela.

(Foto de Para Ti, marzo de 1958)



















Los abrigos de la era de los 60’s siguen todos los estilos: ceñidos y amplios, cortos y largos. Se aumenta el  efecto de ajuste con cinturones sin hebilla que se amarran al frente.
(Foto de Rosita, abril de 1962)
La llegada de la minifalda acorta los abrigos. Se abandona el efecto tubular y vuelve el corte “princesa”. Los botones ahora se abrochan a un costado.

(Foto de Rosita, agosto de 1966)
Los finales de la Era Hippie están marcados por una lucha por desterrar las faldas cortas. Como respuesta a la llegada de “maxis” y “midis”, los abrigos se hacen micro mini. Los cuellos son altos siguiendo el estilo “Mao” o “Nehru”. Ornamentan los abrigos dobles hileras de botones y muchos bolsillos.

(Foto de Ritmo, diciembre de 1968)

lunes, 21 de mayo de 2012

Lux el jabón de las estrellas.


(Foto de Ecran, febrero de 1965)


Su nombre significa “luz” en latín, pero el decirlo no evoca iluminación sino el onomatopéyico sonido de las burbujas que explotan en una bañera o batea. Es que Lux es por antonomasia el nombre de la marca as conocida y más antigua de jabón. Un jabón que comenzó como detergente y hoy abarca otros productos. Un jabón que fue el primer producto en promoverse usando rostros de actrices de Hollywood y hasta Latinas de Ayer.


En 1889, los Hermanos Lever  sacaron al mercado inglés un detergente llamad Sunlight Flakes. En 1900, le cambiaron el nombre por Lux, no tanto por su significado en latín, sino como abreviación del vocablo inglés luxury (“lujo”). Tan lujoso era el detergente que una encuesta de 1924, le indicó a los Lever que sus clientas usaban las escamas de Lux para su higiene personal.

Esa fue la razón para que los Lever lanzaran al mercado un nuevo producto, Lux, el jabón de tocador. Para promoverlo  se creó una novedosa campaña que tenía famosas estrellas de cine endorsando el producto. De ahí viene ese eslogan emblemático de que 9 de cada 10 estrellas usan Lux.
(Foto de Zig-Zag, enero de 1925)


El jabón Sunlight entró en la Argentina en la década de los 20’s, siendo el primer país latinoamericano en conocerlo. Ya a comienzos de 1925, las chilenas de ayer lo usaban como detergente y al año siguiente ya conocían su nuevo nombre Lux.
(Foto de Zig-Zag, febrero de 1927)


En la década de los 30’s se seguía usando Lux para lavar ropa, pero también como jabón de tocador. Incluso se combinan los anuncios de detergente con otras marcas como las medias Himalaya.

(Foto de Para Ti, agosto de 1940)

En los 40’s, ya se sabe en Sudamérica que Joan Crawford, Rita Hayworth, y Heddy Lamarr entre otras usan Lux para su higiene personal.
(Foto de Labores, febrero de 1947)


A pesar de que la Wikipedia dice que actrices brasileñas como Malú Mader y Deborah Bloch so las primeras latinoamericanas en promocionar LUX, ya fines de loa década de los 30’s grandes estrellas del cine argentino como Herminia Franco, María Duval, Pepita Serrador, Amalia Bence y Zully Moreno aseguraban conservar su belleza con el jabón en las paginas de Para Ti.

(Foto de Para Ti, marzo de 1942)


En los 50’s la publicidad estará a cargo de las diosas del momento como Ava Gardner y Elizabeth Taylor.

(Foto de Para Ti, marzo de 1957)


Lux ha dejado de ser asociado con detergentes. Es un  producto mágico que convierte a quien se hunde en su espuma en una mujer bella y sensual. En Inglaterra lo promociona el símbolo sexual del cine británico Diana Dors.

(Foto de Maribel, mayo de 1958)

En los 60’s se le agregaran otras gatitas sexis del cine europeo como Brigitte Bardot, Sylvia Koscina, Antonella Lualdi y Mylene Demongeot.
(foto de Eva, marzo de 1966)


Las estrellas de Hollywood de los 60’s como Natalie Wood y Jane Fonda se fotografían junto a la icónica pirámide de barras de jabón. Ya se sabe el eslogan no miente de cada 10 estrellas 9 se meten a la ducha con Lux. Es un jabón femenino por excelencia, y en toda su historia una sola estrella masculina lo promocionó: Paul Newman.
(Foto de Ecran,  marzo de 1965)


Aunque en el siglo XXI  a Lux le han hecho campañas tanto Sarah Jessica Parker como la estrella de Bollywood Aishwarya Ray, ya no existe ese concepto de que la que lo usa será bella como una estrella de cine. Lux sigue siendo una marca importante que se ha graduado de jabón de tocador a jabón líquido, gel de ducha y champú, pero no tiene el glamur mágico que ejercicio sobre las Latinas del Ayer. Tan prosaico es que hace un tiempo la publicidad saco una anuncio en el que aparecían unas nalgas anónimas de mujer. Muy distinto (y de mejor gusto) era asociarlo con  rostros de actrices despampanantes. ¿No creen?
(Fto sacada de roquijano.wordpress.com)